Fue un día normal, la rutina de siempre, la casa, el trabajo y el gimnasio, así de lunes a viernes, pero particularmente ese día nació de dos corazones el deseo de crecer, de pensar en el futuro y un nuevo ser, ahí entre las muestras de calidad surgió del amor ese pequeño ser que sin saber nuestra vida llegaría a cambiar.
Nunca fui tan complicado para comer, comía casi de todo, casi en cualquier lugar, pero jamás voy a olvidar el olor dulce y el sabor de las "torretas" (platillo típico salvadoreño) que sin probarlas, las podía imaginar, saborear y deseaba con tantas ganas poder degustar, sin duda una extraña sensación, máximo porque me llevó a perder la pena y pedirle a una compañera que en ese momento estaba comiendo (parte vergonzoso porque no suelo hacer eso, pero aprovechando la confianza y la amistad) las pude probar, un sabor exquisito, dulce, uno que jamás había probado y hasta la fecha he vuelto a probar; eso comenzó una semana de deseo casi incontrolable de comer, torreja tras torreja, lo que me hizo sospechar que algo era fuera de lo normal; muchas torrejas más, una vacación, un viaje en moto y unos marañones con limón (que fueron parte de los extraños deseos de tu mamá) me hicieron sospechar que la vida iba a cambiar.
En un momento de angustia y felicidad le digo a tu mamita que una nueva vida acababa de comenzar, entre la primera prueba de embarazo, la cual fue la tomamos en la iglesia un dia domingo por la mañana, la prueba de sangre que lo vino a confirmar, muchas cosas divertidas que por nueve meses nos confirmaban que seriamos papas.
Es más fácil decirlo pero en realidad, a parte del nudo en la garganta y la lluvia de recuerdos, puedo decir, que desde ese momento en el que supe que sería papá jamás te he dejado de amar, como la primera vez con pocas semanas de vida dentro de tu mamita, cuando existió amenazas de aborto, llorando a mares afuera del hospital, esperando respuesta de los médicos, que nada estaba mal o la loca obsesión por leer sobre la gestación y como saber el sexo aun sin ultra, probando cada locura de las abuelitas o que la gente llegaba a publicar, como la prueba de la aguja que decía que mi vástago seria un macho como papá (recuerdo tu carita pegando en tu pecho diciendo que eres macho como papá).
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