San salvador, 5 de abril de 2017


Hola hijo, estoy escribiendo esta carta porque en este momento no puedo hablar contigo, las situaciones de la vida y las malas decisiones que hemos tomado con tu mamita, nos han complicado el estar juntos, por eso te pido que me perdones, pero quiero que sepas que te amo, te amo con todo mi corazón y le doy gracias a Dios por la oportunidad de ser padre, aun mas por el privilegio de prestarme un hijo tan bello como tú.
Me ha costado mucho comenzar a escribir, pero no encuentro otra forma de exteriorizar lo que siento y lo que pienso, muchos recuerdos pasan por mi mente y cada cosa que veo me recuerda a ti, sé que llegara el tiempo en el que podamos compartir y estar juntos, aunque quisiera entender los propósitos de Dios, no conozco a cabalidad lo que en el futuro sucederá, pero estoy seguro de algo, el control lo tiene Dios ("Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis." Jeremías 29:11), así que en un momento estaremos juntos nuevamente en la iglesia, adorando en nombre de Dios y esa esperanza me mantiene firme y me ha llevado a buscar y entregar mi vida al Señor, pese a conocer de Él, me había apartado de su palabra, lo cual trajo como consecuencia de las malas decisiones esta dura consecuencia.
Desde el 11 de marzo de este año, he pasado la prueba más dura hasta este momento de mi vida, el alejarme de ti es tan doloroso y tan difícil que por mi cabeza han pasado muchos pensamientos y cosas que sin Dios, difícilmente hubiese podido superar.
El día de ayer, comiendo una torreja, recordé el deseo que hace tres años sentí, que con desesperación sentía un olor y sabor a ese antojito y fue cuando me di cuenta sin haber hecho ninguna prueba que tu mamita estaba embarazada, que se me había concedido el privilegio de ser padre y sin conocerte a dos o tres semanas de vida te amaba tanto, que desde entonces no he podido dejar de pensar en ti, que me imaginaba como seria tu carita tus manos, tu pies, tu cabello, que soñaba con el momento glorioso en el que me dijeras “papá” y pudiéramos estar tirados en el suelo jugando y riendo, imagine tantas cosas, que nunca terminaría de contar.
Que la primera prueba que tuvimos con tu mamita fue a las ocho semanas cuando ella comenzó a manchar y salí corriendo al hospital a esperar que nada malo fuese a pasar, recuerdo la sala de espera del hospital 1° de Mayo, llorando sin parar, pensado que algo malo podía pasar, me di cuenta del gran amor que sentía y la capacidad tan grande y desconocida en mi corazón de amar a un ser, que aún no veía y que solo con un par de semanas sabía que nos vendría a acompañar.
Es tan bonito recordar ese momento en el que naciste, casi no dormía (más de lo normal), pensando a qué horas nacerías y fue ese doce de diciembre de dos mil catorce a las tres y quince de la mañana, desperté de un solo, un poco asustado y sintiendo como que algo se desprendió de mí, supe sin lugar a dudas que era el momento en el que habías nacido y entre lágrimas y oraciones le di gracias a Dios, por tu vida y por el bienestar de tu mamita.
Recuerdo el día siguiente a primera hora una amiga mía, que tenía a la hermana trabajando en el hospital que naciste, me confirmo que lo que sentí era cierto, recuerdo ese día en el que te conocí, fue la cita más importante de mi vida, lleno de nerviosismo, ansiedad e ilusión de conocer a ese pequeñito al que a diario le cantaba en la pancita de su mamá, con el que jugaba aun dentro del vientre de tu mamita, muchas cosas pasaban por mi mente, pero sin duda alguna jamás se pasó por mi mente el dejarte un momento de mi vida.
Llegada la hora, en el preciso momento en el que entre a esa habitación, en la esquina de ese cuarto sentí un amor tan grande, sentí como mi corazón se estremeció, una sensación indescriptible que justo en este momento al escribir vuelvo a sentir, se dibujó una gran sonrisa en mi rostro e hincándome viéndote me presente y te dije “yo soy tu papá”, te agarre en mis brazos, te cargue y te cante así como lo hacían en la pancita de tu mamita:
“Cuidare De Ti” Alex Campos
Yo Quiero Cantar
En la orilla de tu mar
Quiero vivir, darte el
Cariño de mi amar

En la mañana allí estaré
Cuando haga frio y lluvia a la vez
Cierra los ojos, que yo no me iré

Coro

En la noche en la mañana cuando
Brilla el sol no importa el momento
Ni la estación, tu sentirá mi aroma
Sentirás mi amor sentirás la risa de
Mi alegre canción.

Si el enemigo viene a tocarte a ti
O un león rugiente que quiera
Gruñir, yo tomare mi espada los
Hare huir, que sepa todo el mundo,
Cuidare de ti, cuidare de ti

Y en tu mirar perderme en el tiempo Y
No regresar, dulce amar, eres poesía,
Sueño, realidad.

No tenga miedo que yo no me iré y en tus
Dulces sueños también viviré.

Coro.....

Soy tu Refugio, Soy tu caminar
Soy quien la vida por su hijo da
Soy agua viva a la orilla del
Mar; Eres mis ojos, eres mi cantar

Coro.......
En la noche en la mañana cuando
Brilla el sol no importa el momento ni la estación
Yo Reiré y cantare
Junto a ti y jugare
No tengas miedo
Que yo a tu lado estaré

Ese día muchas cosas de mi cambiaron, mi forma de pensar, mi forma de actuar, mis metas y planes, en fin absolutamente todo, pensando en beneficio de ti, incluyendo mi relación con Dios, en ese momento estaba convencido que no podría guiarte en la vida sin la ayuda de Él, y le pedía a Dios me hiciera el padre que tu necesitabas, no puedo negar que no fue como lo planee, comencé a alejarme de Dios y hoy hijo mío, quiero que sepas que fue la peor decisión, las cosas comenzaron a salir mal y totalmente fuera de control, comencé a jugar con fuego y poco a poco me comenzó a quemar, no ejercí como debía el rol que como padre y hombre de hogar tenía que asumir y por supuesto las consecuencias comenzaron a ser evidentes.

Gracias a la inmensa misericordia de Dios, reconociendo que es Él, el único camino y solución regrese en este momento y con mucho dolor como inicie a escribir le pedí a Dios que cumpliera su propósito en mí, reconocí que era mi único ayudador y que habían muchas cosas malas que debía de cambiar dentro de mí, así que en este momento de angustia y dolor, me rendí a los pies de Dios, para que completara su obra de perfección y moldeara mi vida, que me hiciera el hombre ejemplo que tu necesitabas ver, el padre que se parezca a Dios, para que tú lo vieras reflejado en mi con su dulce amor, asumí el reto de ser padre y ser responsable de encaminar tu vida en el camino del Señor, para que pudieras ser un hombre de bien, un hombre de Dios.

Te amo, te extraño y quiero que sepas que aunque pasen los días sin verte, seguiré luchando por ti, en oración, en amor, porque estoy seguro que Dios es quien tiene el control, que te cuida y que en su momento cumplirá esa promesa que un me hizo desde el principio y como Abraham, confiando en Dios que el proveerá, porque me prometió un hijo y un hijo me dará.

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